Desde que el Tribunal Supremo, en asunto defendido por ASIAIN ASESORES, fijó la siguiente doctrina (STS 733/ 15, de 21 de noviembre):

«En las compraventas de viviendas regidas por la Ley 57/1968 las entidades de crédito que admitan ingresos de los compradores en una cuenta del promotor sin exigir la apertura de una cuenta especial y la correspondiente garantía responderán frente a los compradores por el total de las cantidades anticipadas por los compradores e ingresadas en la cuenta o cuentas que el promotor tenga abiertas en dicha entidad».

Muchos perjudicados por la burbuja del ladrillo emprendieron el tortuoso camino de reclamar judicialmente de las entidades de crédito la devolución de las cantidades anticipadas, mediante ingresos en la/s cuenta/s bancarias indicadas por la promotora, para la edificación de las viviendas adquiridas en plano que nunca les fueron entregadas, pues la gran mayoría de las empresas promotoras entraron en concurso de acreedores cuando la crisis afloró, esfumándose así el dinero depositado por los compradores que debió destinarse al buen fin de la edificación proyectada y promovida por las concursadas.

El litigio deviene forzoso por cuanto las entidades de crédito suelen desatender las reclamaciones extrajudiciales que los perjudicados les realizan antes de formular sus demandas judiciales. Actitud renuente que mantienen hasta agotar todas las instancias posibles, contradiciendo, caso por caso, los hechos que sostienen cada demanda planteada frente a ellas.

Les corresponde, entonces, a los Juzgados y Tribunales dirimir cada contienda entre compradores y entidades de crédito que ante ellos se plantea. Y desde la referida doctrina fijada por el Tribunal Supremo hace ya tres años, muchos son los litigios similares que están siendo resueltos en sede judicial.

Entre ellos, otra de las demandas defendidas por ASIAIN ASESORES frente a entidades de crédito ha sido recientemente resuelta favorablemente por un Juzgado de Primera Instancia recogiendo la doctrina de nuestro Alto Tribunal, consolidándose así la confianza de los demandantes, consumidores de vivienda en plano, en la Justicia (artículo 1 CE).

Pues lo natural es que aquel que, ajeno al negocio inmobiliario, adelanta su dinero para que la vivienda que adquiere en plano sea edificada y entregada, lo recupere de quien lo recibió en depósito, así como de quien debió exigir su constitución y garantía, cuando aquella ni se edifica ni se le entrega.

Llegar a cualquier otro resultado, incluso discutirlo, es despreciar la naturaleza del más elemental sentido común, y al arte de actuar conforme a la buena fe, su compañera.

Aunque, como explica Dante Alichieri en “La Divina Comedia” “.. porque el usurero sigue otro –camino- muy contrario, desprecia a la naturaleza en sí, y al arte, su compañero, y cifra en otras cosas su esperanzas..”.

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